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Jorge Oteiza

Jorge Oteiza

Todo un genio creativo

Me declaro obrero metafísico. Jorge Oteiza

Oteiza ha sido, sin lugar a dudas, uno de los escultores más grandes que ha dado nunca el País Vasco. Su obra es conocida y aplaudida a nivel internacional, y el propio Oteiza fue todo un genio creativo, un hombre de personalidad excepcional y carácter desbordante. Tal como a muchos grandes creadores les ha sucedido, Oteiza fue durante años un autor no comprendido o, incluso, mal comprendido. Quizás esto se deba a la profundidad y el gran calado de su trabajo metafísico: espacio, tiempo, Dios, Nada... Son conceptos clave en la obra del creador oriotarra.

La propuesta estética de Oteiza tuvo mucho que ver con la modernización de la cultura vasca, y sus aportaciones fueron de vital importancia, sobre todo en lo que a la escultura se refiere. Aunque también cultivó con acierto la poesía, en la que también son evidentes su extraordinaria personalidad y su fuerte carácter, fue su escultura la que lo convirtió en un autor de fama internacional. Oteiza no realizó escultura figurativa; Oteiza vaciaba la piedra. El espacio que ocupa el vacío es lo realmente importante en su obra.

La base de la obra de Oteiza está en Orio. Fue en la playa de Orio donde el escultor se encontró con la grandeza del vacío. El vacío como espacio protector, como lugar de protección ante la angustia y la muerte... Entorno a esa idea construirá Oteiza su pensamiento y su obra.

Jorge Oteiza

En su infancia, se tumbaba boca arriba en la playa de Orio, en los agujeros que dejaban los carros que por allí pasaban en busca de arena; y allí tumbado, mirando al cielo, descubrió el vacío protector. Mirando desde la profundidad de aquel agujero, percibía el cielo sagrado; desde aquel oscuro agujero veía la luz de Dios. De ahí que Oteiza declare que toda experiencia estética es religiosa, de ahí que Oteiza destaque la importancia del Cromlech circular y vacío, de ahí que Oteiza se lance a vaciar la piedra en busca de la escultura que dentro de ella se esconde. El mismo Oteiza lo explica así en su famoso libro Quousque Tandem...!, interpretación estética del alma vasca:

“De muy niño, en Orio, donde he nacido, mi abuelo solía llevarnos de paseo a la playa. Yo sentía una enorme atracción por unos grandes hoyos que había en la parte más interior. Solía ocultarme en uno de ellos, acostado, mirando el gran espacio solo del cielo que quedaba sobre mí, mientras desaparecía todo lo que había a mi alrededor. Me sentía profundamente protegido. Pero, ¿de qué quería protegerme? Desde niño, como todos, sentimos como una pequeña nada nuestra existencia, que se nos define como un círculo negativo de cosas, emociones, limitaciones, en cuyo centro, en nuestro corazón, advertimos el miedo –como negación suprema- de la muerte. Mi experiencia de niño en ese hoyo en la arena –ustedes habrán vivido momentos muy semejantes- era la de un viaje de evasión desde mi pequeña nada a la gran nada del cielo en la que penetraba, para escaparme, con deseo de salvación. En esa incomodidad o angustia del niño despierta ya el sentimiento trágico de la existencia que nos define a todos de hombre y nos acerca de algún modo a uno de estos 3 caminos de salvación espiritual que son la filosofía, la religión y el arte. Que son 3 disciplinas, podemos decir, de las relaciones del hombre con Dios, que se mezclan y conjugan en nuestro corazón, pero que técnicamente son distintas e independientes. El que se ha decidido concretamente en la vida por una de ellas y el que no se ha decidido también, hallará en los recuerdos de su niñez, datos de una espontánea elección o inclinación, por uno de esos caminos.”

Jorge Oteiza falleció el 9 de abril de 2003.

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